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10 noviembre 2010

Momentos grossos

Este post es casi un post pop (ja, pronuncien eso en voz alta). Seguramente habrán visto en programas de televisión o en Youtube, algunas compilaciones sobre grandes momentos del cine, esos momentos que están grabados en nuestra memoria como la despedida de Ilsa y Rick en Casablanca, la famosa frase "Luke, I am your father" de Star Wars, o el parlamento de Scarlett O'hara después de arrastrarse para comer una zanahoria del piso (este particularmente me pone la piel de gallina cada vez que lo veo). Son momentos pop, vistos, remixados, revisitados, analizados y disfrutados hasta el hartazgo por el público. 

Hoy no quería hablar de esos momentos en el cine, sino en la literatura. Los que adoramos leer tenemos esos libros que, sobre todo en la adolescencia, hemos leído miles de veces y hemos sentido, tantas otras miles de veces, el mismo escalofrío, la misma emoción al leer esas frases que se acercan, por alguna razón, a lo más profundo de nuestro imaginario, nuestras ilusiones, nuestro ser. 

Así que hoy, el post de La Covacha será interactivo. Yo voy a contarles cinco de esos momentos grossos que me vuelven loca cada vez que revisito un libro y uds. covacheros, nos cuentan qué escenas o frases de sus libros favoritos les vuelan la cabeza. Acá van los míos y las razones por las cuales me emocionan:

1-"El universo (que otros llaman Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales..." de "La biblioteca de Babel" del libro Ficciones, de Jorge Luis Borges. La primera vez que leí esa frase fue como si algo se me cayera encima y me partiera la cabeza: por fin había encontrado alguien para quien los libros eran el universo.

2-"Navidad sin regalos no es Navidad" grita Jo  March en el comienzo de Mujercitas de Louisa May Alcott. Furiosamente lejos de la cita anterior, pero tan cercana en mis inicios literarios que no puedo dejar pasarla. No es la "gran literatura" pero sí la literatura de mis inicios, y por eso la adoro.

3- "Niño de cuatro años vestido de raso de algodón color encarnado. Esclavina cubierta de un plegado que figura como olas ribeteadas con un encaje blanco. Las venas y los tallos son de color marrón dorados, verde mirto o carmín", del cuento "El retrato mal hecho" de Silvina Ocampo. No puedo decirles por qué, porque les arruinaría el cuento, leánlo y verán que es uno momento muy grosso.


4- "El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un "cross" a la mandíbula", del Prólogo a Los Lanzallamas de Roberto Arlt. Magnífico manifiesto literario de un gran escritor marginal. Los que me conocen saben que lo adoro y que esta frase en particular me pone la piel de gallina.

5- "Y si dejara de soñar contigo, ¿dónde supones que estarías?" le preguntan a Alicia en Tras el espejo de Lewis Carroll en su fabulosa historia para niños que fue capaz de preanunciar el surrealismo y que nos genera una extraña sensación de irrealidad que creo que ningún otro autor ha sabido igualar.

He aquí mis cinco favoritos, seguramente hay más. ¡Vamos, anímense a covachear!

08 septiembre 2010

La Covacha entrevista: Marcela Calderón - Ilustradora (segunda parte)

Continuamos con la entrevista a la ilustradora Marcela Calderón. Sigan disfrutando de sus palabras y su arte.

Adultos en un mundo de niños y libros

-¿Cómo encarás el proceso de ilustrar un libro destinado a un público infantil? ¿Cómo elegís la técnica? ¿Qué grado de libertad tenés a la hora de decidir los formatos, las técnicas, los soportes?

Hay muchas variables en juego. La principal, pasa por el tipo de libro: si es libro de texto o de literatura infantil. Cuando es libro de texto, en general me convocan por algún estilo preciso y me lo piden expresamente. Cuando se trabaja con libros de texto, la libertad es relativa, porque estamos –dependiendo de la materia de la que se trate, sobre todo- atados al texto y el pedido específico del autor o editor. No podés “volarte” demasiado cuando tenés que hacer una ilustración para Matemática 1, en la que los chicos están aprendiendo a sumar, aunque esa suma sea de frutas, por ejemplo. Otra variable que influye, a la hora de elegir la técnica es el soporte en el que esas ilustraciones van a salir impresas. En mi caso específico, el ejemplo más claro es La Valijita. La Valijita de Billiken, es una revista para chicos de jardín de infantes. Revista con la que los chicos interactúan, interviniéndola, dibujándola, escribiendo en ella. El papel para este caso, es poroso y mate. Las ilustraciones pintadas digitalmente, son las que se ven mejor, para que los colores no se desluzcan. Por eso, la Vali sale pintada –casi exclusivamente-, en digital.


Otro es el caso de los libros englobados en “literatura infantil”: libros de cuentos y poesías. Ahí, la libertad es otra. Generalmente, consensuado con el editor, elijo pintar con técnicas tradicionales –de “enchastre”-: tintas, acuarelas, lápices, acrílicos… Puesta a elegir.: pincel vs mouse, el pincel gana por mucho. Es lo que más me gusta. El formato, en general, viene prefijado por el editor, dependiendo de si el libro funciona dentro de una colección o no. Pero con la técnica y el soporte, en general tengo bastante libertad de elección.



-La relación entre editores y escritores suele ser tensa. ¿Cómo es la relación entre editores e ilustradores?

Puedo hablar por mi propia experiencia. En general me ha tocado trabajar con gente muy piola –siempre hay excepciones, obvio-. Pero la gente con la que he trabajado –y trabajo- en general es gente con la que se puede charlar, opinar, consensuar. No puedo quejarme, la verdad.


-¿Cómo es la relación entre texto e ilustración? ¿Puede la ilustración ir "un poco más allá" de lo que dicen las palabras?

No sólo “puede” si no que “debe” ir más allá del texto. Una ilustración puede ir más allá, o hasta contradecir, algo de lo que dice el texto. Y así mismo, un dibujo puede verse de otra manera, de acuerdo a las palabras que tenga asociadas. Esto permite generar historias “paralelas” a la del texto. Diferentes perspectivas dentro de la misma historia. Siempre creadoras y enriquecedoras.


-¿Escribís? ¿Te gustaría ilustrar tus propias palabras?

Escribo casi desde el mismo momento que empecé a dibujar. Y sí, lo que más me gusta, es ilustrar mis propios textos. En estos casos, nunca se sabe que surgió antes: si las palabras o los dibujos. Para mí, es la amalgama perfecta.

Ser niño y dibujar (otra vez)

-¿Qué ilustrador admirás? ¿Cuáles reconocés como influencias directas?

Tantos, tantos...Wolf Erlbruch, Shaun Tan, Rebecca Dautremer, Gabriel Pacheco, Niccoleta Ceccoli, Jill Barklem, Jimmy Liao, Pablo Auladell... podría seguir. La lista es larga. Los buenos y talentosos ilustradores internacionales han sido, y son cada vez más, muchísimos.

Dentro de la Argentina, admiro a muchos colegas –algunos reconocidos, otros en crecimiento vertiginoso- y maestros. Pero sin lugar a dudas, mis influencias directas son Claudia Legnazzi y Oscar Rojas: MAESTROS.



-¿Qué te gustaría que te dijera un niño sobre tus ilustraciones?

Esta pregunta me dejó pensando…. No es fácil responderla, aunque creo que lo mejor que me podría pasar como ilustradora, es que un niño diga que mis dibujos son como los de un niño. Admiro profundamente la libertad, espontaneidad y frescura con las que dibujan los chicos. Cosas que perdemos cuando –a medida que crecemos- nos enseñan que las palabras reemplazan a las imágenes. Perdemos tanto en ese “crecimiento”, que la mayoría de los adultos, terminan creyendo que no saben dibujar. Sí, seguramente, eso sería lo que me gustaría que un niño diga de mis dibujos.

-¿Qué ilustradores y autores infantiles deberíamos leer los adultos?

Todos los que nombré más arriba, son ejemplos perfectos de literatura infantil con gran calidad artística. Y hay muchos más…. Cuando te adentrás a “investigar” qué hay a nivel mundial en literatura infantil, descubrís un mundo muy vasto. Mundo que, por suerte, está teniendo un espacio cada vez más importante dentro de lo editorial en la Argentina.

-¿A qué autor te gustaría ilustrar?

A Marcela Calderón, sin lugar a dudas.
Y a cualquiera –sea reconocido o no- que logre provocarme ESAS imágenes, apenas tomo contacto con el texto.


Las cuatro covacheras queremos agradecerle a Marcela Calderón por su amabilidad al responder esta entrevista y facilitarnos las fotos. Los invitamos a pasar por su blog y seguir disfrutando de sus ilustraciones.

06 septiembre 2010

La Covacha entrevista: Marcela Calderón - Ilustradora (primera parte)

Las covacheras siempre estamos pensando nuevas formas de ampliar los horizontes de La Covacha. Mientras soñamos con nuestro propio centro cultural o nuestra librería-café decidimos empezar una serie de entrevistas a gente que nos interesa mucho y que tiene cosas para decir. Para empezar esta nueva sección de La Covacha entrevista, no tuvimos dudas: fuimos directamente a nuestra querida amiga Marcela Calderón, ilustradora infantil (ha realizado manuales, libros de cuentos y probablemente si tienen hijos han visto sus ilustraciones en La valijita), vecina de la ciudad de San Nicolás de los Arroyos y amiga personal de las covacheras. La entrevista fue dividida en dos partes y está acompañada de algunos de los trabajos de Marcela, para ver más los invitamos a pasar por su blog.

La infancia entre libros

-¿Leías libros infantiles cuando eras chica? ¿Quién te los acercó? ¿Aún conservás algunos? ¿Qué te ha hecho conservarlos? ¿Hubo alguno en especial que odiaras mucho?

Mi relación con los libros comienza siendo yo muy chiquita. Cuenta la leyenda [¿] que cuando tenía yo alrededor de dos años (y todavía era única hija. Soy la mayor de tres hermanos), mi madre salía temprano a hacer unas compras a un par de cuadras de nuestra casa, y me dejaba a mí, todavía durmiendo. En la cuna a mis pies, dejaba dos o tres libros. Apenas yo despertaba, me sentaba a mirarlos. Cuando ella volvía, poco después, me encontraba sentadita en la cuna, concentradísima en mis libros. La misma “leyenda” dice que nunca fui de destrozar los libros de hojas de papel, aunque recuerdo que tenía muchos de cartoné, a esa edad. Me fascinaba una colección (lamentablemente no recuerdo la editorial), de cuentos clásicos, que eran de cartoné, con ilustraciones muy coloridas, y en la tapa tenían una ilustración “de avanzada” para esa época… como un “holograma”: movías el libro y la imagen cambiaba. Me encantaba eso.

Conservo unos cuantos libros de mi infancia, aunque no esos de cuando era tan chiquita. Los que adoro, son los libros soviéticos que nos traía mi papá de Buenos Aires. Él solía viajar por cuestiones de trabajo en la década del ’70, y volvía siempre con algún libro de editorial Progreso, de Moscú. Los compraba en el Instituto de Relaciones Culturales de Argentina - URSS, que dependía de la Embajada Soviética en el barrio de Caballito. Las historias clásicas rusas y sus ilustraciones tipo grabado me siguen fascinando aún hoy en día.

Y no, chicas… no recuerdo haber odiado ningún libro de mi infancia. Me gustaban mucho los libros, aún los de lectura de la escuela (si, si…jaja), que venían muy ilustrados.

-Dibujar e ilustrar son dos actividades diferentes: ¿Cuándo empezaste a considerar la posibilidad de ilustrar un texto? ¿Sos autodidacta o tenés formación en arte o diseño gráfico?

A ver… tengo formación en arte, aunque no en artes plásticas. Mi formación “académica” es en música. Si bien siempre me gustó dibujar, mis estudios formales nunca fueron de dibujo o plástica, si no de música. Estudié música desde muy chica.

Pero… (y la “leyenda” continúa), cuando tuve que pensar en trabajar, la idea de dar clases de música en las escuelas no me seducía. Y la de trabajar dibujando, sí. En esa época, mi marido trabajaba en el departamento de Arte de –la vieja y desaparecida- Editorial Plus Ultra, y me consiguió la oportunidad de hacer unas pruebas para un libro de texto de primer grado. A la autora le gustó lo que le presenté, y así empecé –sin nada de experiencia- a caminar por el mundo editorial. (No debería renegar de mis comienzos –lo sé-, pero debo confesar que ese primer libro que ilustré, me resulta doloroso a los ojos, hoy en día…jaja).

Después, vinieron años de “golpear puertas” carpeta en mano, y llamar por teléfono a cuanta editorial se me cruzara por la mente, abriéndome paso despacito. No existía internet, así que la cosa era intentar contactar al jefe de arte de cada editorial, y lograr dejarle una carpeta con copias de mis ilustraciones. Paso a paso, adquiriendo experiencia…

Así que, como verán, mis comienzos fueron tentativos y autodidactas, aunque con los años, hice diferentes cursos y talleres de ilustración.


Los niños y los libros

-La literatura infantil muchas veces ha sido asociada a una literatura menor o incluso considerada de manera peyorativa por sus temas inocentes. ¿Por qué te parece que es así (si has notado esto)?

Justamente por el error de pensar que la literatura infantil, debe ser inocente. En esa tendencia que existe (cada vez menos) de preservar a los niños de ciertas realidades que se suponen malas o dañinas para ellos. En mi opinión, eso sólo cae en la subestimación del niño y su capacidad para formarse en una realidad plagada de cosas que no nos gustan, o no son lo ideal, pero que son reales. Por suerte esto está cambiando a pasos agigantados hoy en día, desde los autores y artistas, y desde los editores que lo permiten con su amplitud de criterio.

-Un libro infantil pocas veces es elegido por el niño, en la mayoría de los casos, un adulto es el que adquiere el libro o tomará la decisión final. ¿Cómo es la tarea de crear un texto (que incluye palabras e ilustraciones) para dos públicos tan distintos?

Otro error. Error que está en pensar que “un libro que es para niños, no es para adultos”. Muchos autores e ilustradores trabajan hoy en día sin partir de ese prejuicio. Como ese libro es el producto de la mirada y la imaginación de un adulto, lo ideal es que sea rico en personalidad y creatividad. Y creo que lo básico, fundamentalmente, como ilustradora-creadora, está en no hacer algo que no leería, ni compraría, ni disfrutaría, yo misma. La mirada y la construcción del niño siempre son creativas y creadoras. La clave está en no subestimar esa mirada. Más bien: alentarla para que no se pierda con los años.

-¿Qué no debe hacer un libro infantil para faltarle el respeto a un niño?
Básicamente: no debe tratarlo como a un tonto que no entiende nada.


El miércoles 08 de septiembre podrán leer la segunda parte de la entrevista a Marcela Calderón. Si quieren ver más ilustraciones suyas pueden pasar por su blog.

11 agosto 2010

La supervivencia del más apto

No es novedad que internet está instalada en nuestras vidas. Están leyendo estas palabras porque esa tecnología, que apenas soñábamos tener hace diez años, ahora es parte de la vida cotidiana tanto como comer o hablar por teléfono. No es vital para el ser humano, la humanidad ha vivido perfectamente sin ella, pero sin embargo ahora se nos presenta imprescindible. ¿Cuántos resisten estar un día sin revisar la bandeja de correo electrónico? Pocos afortunados pueden estar al margen de esa necesidad.

Hace unos días Marcelo de Libreta Chatarra, publicó esta extensa pero necesaria nota (publicada en La Nación) sobre los libros y las nuevas tecnologías: una charla entre Umberto Eco y Jean-Claude Carrière cuyo tema central era una pregunta temerosa: ¿va a desaparecer el libro?

Desde que tengo uso de razón estoy rodeada de libros. Quizá no las mejores traducciones, quizá no las mejores ediciones, pero sí libros (y sobre todo clásicos, lo que afectó decididamente mi gusto por los autores previos a 1950 y lo que me cuesta aceptar el tono de la literatura contemporánea). La pregunta es, ¿puedo imaginar el mundo sin libros? 

Pienso en la distopía de  Fareheint 451 de Ray Bradbury, pienso en esa terrible visión del futuro en la que los libros eran quemados y donde los bomberos en lugar de apagar incendios, los provocaban. Imagen aterradora que a todos nos ha puesto la piel de gallina, porque nos recordaba lo más horroroso del fascismo. (en todas sus formas). Pienso, también, en Steve Jobs teniendo orgasmos (disculpen la imagen, disculpen por favor) ante cada nuevo Ipad que dice destronar al anterior, que dice cambiar el mundo tal como lo conocemos y que dice (sin decir) que el capitalismo no es más que una inmensa maquinaria que produce bienes que deberán ser tirados a la basura al año siguiente (y por bienes me refiero a Ipads, cantantes alocadas, autores best sellers o televisiones con tecnología LED, lo mismo da, todo es descartable) aceitada por la sangre de personas que no podrán siquiera acceder a esos Ipads por vivir en la miseria.

¿Desaparecerá el libro? Intento escribir este post y no sé qué pensar. Dicen que los nuevos aparatos para leer libros en formato digital (me da fiaca buscar en Google como se llama, curioso límite para Google, que todo lo sabe, la fiaca humana) son capaces de almacenar miles de libros en un solo objeto. Objeto que es producido por un sistema que va a provocar su obsolescencia en un año, cuando Steve Jobs nos muestre con un nuevo orgasmo (disculpen, prometo que es la última) un nuevo aparatito blanco que lo superará y que permitirá almacenar cientos de miles de miles de miles de libros digitales. Las grandes editoriales temblarán y buscarán readaptarse a los nuevos tiempos y publicarán re-re-re-re-re-reediciones de Crepúsculo (con prólogo de Coelho para la versión latinoamericana) tratando de encontrar nuevos mercados.

Lo extraño es que yo creo que ni siquiera esa es la verdadera pregunta. Lo que está en juego acá es otra cosa. Es el arte en sí mismo. Un libro no es una sucesión de datos digitales que puede ser fácilmente almacenados, andá a decirle eso a Tolstoi, a Shakespeare, a Borges. Un libro es otra cosa. Y esa otra cosa va a sobrevivir, de eso estoy segura, muy a pesar del capitalismo, de Steve Jobs, de J. K. Rowling, porque todos ellos no tienen la menor idea de qué es lo que uno hace cuando lee un libro. Esa otra cosa que hace que los libros sobrevivan en la historia de Bradbury. Esa otra cosa que ustedes, que sonríen al leer esto, saben bien qué es, pero que no lo vamos a decir, no sea cosa de andar avivando idiotas.

25 mayo 2010

La identidad

Hace dos años y medio decidí mudarme de Buenos Aires a Córdoba. La sensación de ahogo del microcentro Porteño hizo estragos en mí, lo juro. Salir del trabajo a las 6 de la tarde y encontrarme con que un piquete cortaba la 9 de julio, no estaba bueno, sobretodo porque terminaba llegando a mi casa a las 9 de la noche. Vivir a 25 cuadras de distancia y tardar 45 minutos en llegar a las 9 de la mañana, tampoco. Ver a la gente correr y correr en círculo sin llegar a ningún lado, me daba una sensación muy difícil de explicar, pero que, supongo, se parece a la Agorafobia.

Sin embargo, Buenos Aires tiene ese no se qué que hoy, particularmente, extraño. En dos años y medio, nunca tuve la necesidad de estar allá. Sí, claro, la familia, los amigos… todo se extraña, pero la ciudad, en mi caso, no.

Por suerte Córdoba, sin llegar a ser el loquero que sigue siendo Capital Federal, tiene también su pequeño desastre microcentrico(?). Hasta ahora, me había funcionado ir cada tanto a esa zona si extrañaba el quilombo. Pero hoy, particularmente hoy, me hubiera gustado estar allá. Ver los festejos, pasear por la 9 de Julio, ir al Teatro Colón.

Pensar que pasaba todos los días religiosamente con el 115 por la puerta eh, pero jamás se me ocurrió visitarlo.

¿Qué tendremos los Porteños que, a pesar de tener a nuestro alcance lugares maravillosos, con el correr de la vida vamos perdiéndole el sentido a las calles, a los lugares, a los paisajes?

Yo, desde acá y Cordoberisada (?) les deseo a todos un Feliz Bicentenario. Y sigan caminando, pero no corran. A veces es bueno parar y reconocerse. Oh, la identidad.



Felices 200 años.



Pd: los dejo con este temazo de Sabina, no se por qué me representa mucho a Buenos Aires.

19 mayo 2010

La palabra florida

Hace muchos años (ay, cómo pasa el tiempo) mi profesora de Lengua y Literatura de 5º año nos dio para leer una serie de poemas en náhuatl, la lengua de los aztecas. No recuerdo mucho los poemas, aunque sí recuerdo que todos tenían un terrible tono sombrío, muy propio de esa cultura que amaba la sangre y la guerra. Pero lo que más me marcó fue que los aztecas llamaban a esos poemas la palabra florida.

Hace  un mes más o menos, publiqué este post, en donde hablaba de la derrota de la palabra, al menos de la palabra compleja, la palabra que dice más allá de lo que quiere decir. Tardé bastante tiempo en escribir este post y en tratar de unir ideas que me permitieran lograr concebir la idea de que la palabra aún podía triunfar en un mundo que se rige por lo que se vende y cuando aquello que amamos, la palabra florida, no es un bien enajenable.

Hubo una época en nuestro país en la que dos grupos se disputaban la verdad sobre el arte. Unos pensaban en la belleza de las formas sin restricciones, otros proponían que el arte no podía estar alejado de las cuestiones sociales y políticas. Entre ambos grupos se gestaron algunos de los más grandes escritores que tuvo nuestro país. Quizá no sea necesaria una respuesta, quizá sea necesaria la lucha misma, y en esa dialéctica, vivir.

Tengo la impresión de que no podemos ganarle a Ricardo Fort tirándole de las mechas a Graciela Alfano, es una batalla perdida, en serio, no hay "ficción" de Borges (ni siquera "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius")que supere la insoportable atracción de lo bizarro. Pero también tengo la impresión de que cada uno de nosotros disfruta de pelear por causas que parecen derrotadas desde el inicio. La misma lucha nos hace crear, nos hace debatir, nos hace pelear entre nosotros para descubrir los mismos motivos del arte, la misma razón de la palabra que florece. Y al fin de cuentas, el futuro será nuestro, por prepotencia de trabajo.

20 abril 2010

El triunfo del silencio

Cuando uno escribe, siempre algo queda en el camino. Por ejemplo, cuando pensaba escribir este post, había un montón de cosas que quería decir. Pero ahora que lo escribo, muchas ideas no toman forma, muchos deseos de decir quedan sin poder ser expresados en la forma que yo imaginaba. Aún así, sigo escribiendo, mitad porque es mi semana en La Covacha, mitad porque a pesar de que la palabra es incompleta, también dice lo que dice, y además más y otra cosa.

Desde hace un tiempo veo con mucha pena que la palabra se va achatando cada vez más. Que todos los relieves posibles que una palabra podía tener se van perdiendo hasta ofrecer poco más que letras unidas por alguna regla que todos ignoran y que incluso hasta combaten en nombre de no sé qué rebelión. Esta idea, la de la rebelión mediante la falta de ortografía, es tan curiosa como la idea de que se combate al capitalismo siendo sucio. Yo creo más bien, que es un regodeo en la ignorancia, como si los chanchos vinieran a vendernos su chiquero como el paraíso terrenal.

Lo cierto es que me asusta. Porque ya estamos viendo las consecuencias: cuando alguien dice "te voy a matar", realmente lo hace, ya no es "estoy furioso con vos". La palabra no sirve para generar un límite entre lo pensado y lo posible, sino que es una enunciación del acto siguiente. Esas son las espantosas consecuencias de achatar a la palabra, de dejarla en el lugar humillante de un simple enunciado y de quitarle aquello que la hace bella, su posibilidad de decir más de lo que dice, su posibilidad de ser, en sí misma, una metáfora.

La palabra ha sido derrotada, al menos ha perdido varias batallas,  y supongo que los estúpidos estarán felices porque creen que están ganando, incluso que han ganado. Yo tengo miedo de ese mundo sin relieves, sin posibilidades de misterios, sin lírica. Un mundo donde, finalmente, triunfe el silencio.

13 abril 2010

La épica lucha entre el bien y el mal

El antagonismo del bien y del mal es un tema recurrente en la literatura fantástica. La lucha entre estas facciones puede venir de la mano de la religión (dios contra el diablo, la luz contra la oscuridad, ángeles versus demonios), o de la fantasía (la fuerza vs. su lado oscuro, la magia negra contra la magia blanca, las máquinas contra los humanos) y a veces el antagonismo es más profundo, subyace en la trama y no tiene representantes tan diferenciados, como el poder que corrompe y no a todos por igual. ¿Cuál sería la contracara del poder? Tal vez son muchas.
La literatura fantástica es, ante todo, creativa. Menospreciarla es desconocerla. Y no es fácil llevar la fantasía del plano de la imaginación al plano audiovisual, pero cuando se logra, es, valga la redundancia, fantástico.
Lo interesante de la literatura fantástica es que podemos quedarnos con lo que nos ofrece, e interpretar el mensaje sin alejarnos de los elementos que nos brinda. Pero también se puede hacer una segunda lectura: el contexto.
A riesgo de que Cecil me ponga un cero en literatura, continúo diciendo que a veces conocer el contexto de una obra fantástica nos puede ayudar para ampliar la visión de la historia. El contexto puede venir de una corriente, tomemos por ejemplo el romanticismo. El romanticismo es un movimiento artístico, cultural y político, del siglo XIX que impregna las obras literarias, las pinturas, las esculturas, la cultura en general y en particular. Surge como una reacción contra el racionalismo, que imponía reglas y estructuras. El romanticismo se conecta con una forma de concebir el mundo, la humanidad, los sentimientos, dejar de lado la razón y pasar por el corazón. Así, la literatura romántica está plagada de antihéroes, héroes trágicos, héroes incomprendidos, y nacen obras como Frankenstein y Drácula, obras fantásticas con sus visiones particulares del bien y del mal. El antagonismo está presente.
Y el contexto puede ser a veces más personal. Tomando de referente a un reconocido escritor de literatura fantástica, J.R.R. Tolkien, en una primera lectura podemos ver la lucha de las facciones antes mencionada en la obra El Señor de los Anillos, como el avance de la oscuridad sobre la Tierra Mieda, que destruye todo lo que tiene a su paso, el poder que busca más poder, el poder que corrompe a quién lo detenta, contra el bien que quiere proteger la vida, la naturaleza, la fraternidad, el amor, y todo aquello que haga que merezca la pena estar vivo.
El contexto de Tolkien es más significativo. Si bien este escritor es muy descriptivo, para algunos demasiado, la visión del avance de la oscuridad en forma destructiva viene de su propia visión, de haber visto como la revolución industrial acababa con campiñas, con paisajes verdes, para convertirlos en paisajes grises, urbanos, industriales, teñidos de hollín ocre del humo de grandes chimeneas, y por su vivencia en carne propia de la primera guerra mundial, donde se enroló como teniente segundo, especializado en lenguaje de signos, sirviendo como oficial de comunicaciones hasta que enfermó de la fiebre de las trincheras. El espanto de la guerra, de las masivas muertes en las trincheras, de la crudeza de lo ocurrido, se convierten en sus ejércitos de orcos asesinos de sus ficciones, sin que el autor pretenda hacer una alegoría de la guerra.
La lucha antagónica del bien y el mal de Tolkien es más humana a pesar del género fantástico, mostrando realidades universales a pesar de la fantasía, y no tiene formas precisas, no se pueden sintetizar en dos personajes centrales opuestos, porque la lucha está en cada uno de ellos, porque es interna, porque hay un mal que amenaza, y algunos personajes se dejan seducir, otros corren grandes riesgos de ser seducidos y se alejan, otros se corrompen fácilmente y se tientan, se obnubilan con el poder, otros pelean hasta la muerte para no dejarse llevar por el mal, y el mal que no lo ve todo, pero que quiere ver todo, a través de un ojo de fuego, a veces desvía la vista, por avaricia, porque el mal también seduce al mal, el mal quiere más y es ahí donde flaquea. En muchas obras el bien es blanco y el mal es negro, en cambio, en la obra de Tolkien, las caras del bien y del mal no están delineadas con contornos remarcados, no están tan definidas, pero son distinguibles, están omnipresentes, y latentes en los corazones de todos los personajes, como lo está en el género humano, y por lo que siempre tenemos opción.

22 marzo 2010

La escoba y el caballo

Leer a Lewis Carroll no es fácil, creo que evocaré a la niña que leyó sus libros y no a la adulta que vuelve a ellos razonando. Mi primera lectura de Lewiss Carroll fue Alicia tras el espejo (Through the looking-glass and what Alice found there). Era una edición de la colección Billiken, la de la editorial Atlántida que tenía la contraportada roja con un resumen del libro y que solían ser versiones sospechosas por sus recortes o traducciones. Alicia tras el espejo venía ilustrada por Aniano Lisa, nunca olvidaré ese nombre por lo extraño, quien ilustró varios de los libros de la colección Billiken. Eran unas ilustraciones modernas, muy alejadas del clásico vestidito celeste de Disney y que yo pasaba varias horas mirando. Tendría unos diez años cuando leí la historia por primera vez, probablemente un verano caluroso y aburrido de esos que tiene Buenos Aires, con los amigos lejos y nada por hacer durante tres meses. La misma sensación cuenta Alice Liddell, la niña que inspiró a Alicia:

Creo que el principio de Alicia nos lo contó una tarde de verano en la que el sol quemaba tanto que tuvimos que poner pie en tierra en medio de los prados del camino de vuelta, abandonando la barca para refugiarnos en el único trozo de sombra que pudimos descubrir, el cual se encontraba bajo una hacina de heno recién cortado. Fue allí que llegó de las tres (hermanas Lidell) la habitual petición: "Cuéntenos una historia", y así empezó el cuento deliciosamente inmortal".
Hay algo de levedad en las historias de Alicia, para disfrutarlas, uno debe dejarse llevar por las palabras, los juegos de apariciones y desapariciones, las arbitrariedades y la magia. Leer a Lewis Carroll  es como si uno intentara, ahora que es adulto, comprender ese instante en el que una escoba se convertía en caballo. Podemos ver una escoba, podemos recordar que la usábamos para cabalgar por el fondo de jardín, golpeando detrás nuestro como si fuera la grupa de un caballo. Pero nos es mucho más difícil, recordar justo ese momento en el que la escoba no era una escoba, el preciso instante en el se atraviesa el espejo y estamos arriba de un caballo galopando a toda velocidad por alguna llanura. 

Las Alicias de Lewis Carroll (confieso que prefiero Tras el espejo a la primera) nos llevan de la mano,  creo que no a soñar, sino a jugar. ¿Dale que vos eras la reina de corazones y me cortabas la cabeza? ¿Dale que recitábamos poemas locos con palabras inventadas? ¿Dale que nos reímos de todos y nos coronamos reinas? ¿Dale que nos asustábamos tanto hasta sentir miedo y de repente dejábamos de jugar así ya no nos asustábamos?

Los dos maravillosos libros de Lewis Carroll encierran eso que se pierde cuando uno es adulto, quizá por eso nos resultan tan extraños y tan fantásticos al mismo tiempo, al menos para quienes los adoramos. Cuanto más crecemos, en edad y en experiencia, cuanto más vivimos, nos alejamos del juego, precisamente porque no se juega a vivir, simplemente se vive. Pero Lewis Carroll nos ha dejando la oportunidad de volver a recordar el momento en el que la escoba se convierte en caballo. Solo hay que animarse a atravesar el espejo.

16 marzo 2010

Cuando el sinsentido adquiere sentido

Nonsense literalmente significa "sin sentido" y es un recurso literario para incorporar el absurdo en base a palabras inventadas y del juego de palabras. Unos de los mayores exponentes del nonsense de la literatura inglesa es y fue Lewis Carroll, el mítico autor de Alicia en el país de las Maravillas y Al otro lado del espejo, y lo que Alicia encontró allí. En el segundo libro incorporó un poema, quizás el más célebre del nonsense inglés llamado Jabberwocky, título que Carroll toma del verbo "to jabber" que significa "hablar de forma incoherente".
De las distintas traducciones imposibles, porque se pierde el nonsense inevitablemente en la traducción, elegí la que aparece en la edición que tengo de Al otro lado del espejo. En inglés, a pesar del sinsentido, se respeta la estructura rítmica y gramatical de la poesía inglesa clásica.

Jerigóndor

Cocillaba el día y las tovas agilimosas
giroscopaban y barrenaban en el larde.
Todos debirables estaban los burgovos,
y silbramaban las alecas rastas.

¡Cuíudate, hijo mío, del Jerigóndor,
que sus dientes muerden y sus garras agarran!
¡Cuídate del pájaro Jubjub, y huye
del frumioso zumbabadanas!

Echó mano a su espada vorpal;
buscó largo tiempo el manxomo enemigo,
descansó junto al árbol Tumtum,
y permaneció tiempo y tiempo meditando.

Y, estando sumido en irribumdos pensamientos,
surgió, con ojos de fuego,
bafeando, el Jerigóndor del túlgido bosque,
que burbulló al llegar.

¡Zis, zas! ¡Zis, zas! ¡Una y otra vez
tajó y hendió la hoja vorpal!
Cayó sin vida, y con su cabeza
emprendió galofante su regreso.

¿Has matado al Jerigóndor?
Ven a mis brazos, sonrillante chiquillo.
¡Ah, fazoso día! ¡Cálos! ¡Calay!,
mientras él resorreía de gozo.

Cocillaba el día, las tovas agilimosas
giroscopaban y barrenaban en el larde.
Todos debirables estaban los burgovos,
y silbramaban las alecas rastas.

Luego de que Alicia leyera la versión inglesa no pudo disimular que no entendió nada [como ustedes, ahora]. Sin embargo, se ha entendido de este poema más de lo que quizás habría esperado el propio Carroll. Carroll explicó algunos de los términos del poema original, y pueden consultarlos aquí [e incluso ver otras traducciones].
El sentido que adquirió el sinsentido de estas estrofas llegó a ser muy popular y no sólo en la cultura inglesa, ya que fue traducido en muchísimas lenguas y hasta en idioma Klingon [sí, sí, los de Star Trek]. El poema fue y es fuente de inspiración para distintas obras artísticas, y sin ir más lejos, es la línea central del argumento de la actual versión de Alice in Wonderland, de Tim Burton .
Y retrocediendo unos años encontramos que uno de los genios del grupo Monty Python [especialistas del absurdo, tema que tratamos aquí], el director Terry Gilliam, hizo su propia versión en un film titulado como el poema: Jabberwocky.
También tuvo su interpretación visual a través de dibujante de los libros de Carroll [aunque Gaby me chusmeó que Carroll odiaba los dibujos de este buen hombre].


Ilustración del Jabberwocky, por John Tenniel.

17 enero 2010

La Covacha recomienda: Juan José Saer


"Otros, ellos, antes, podían. Mojaban, despacio, en la cocina, en el atardecer, en invierno, la galletita, sopando, y subían después la mano, de un solo movimiento, a la boca, mordían y dejaban, durante el movimiento, la pasta azucarada sobre la punta de la lengua…”

"La mayor", Juan José Saer


El primer encuentro que tuve con Juan José Saer fue en la Facultad, específicamente en el CBC en la materia Semiología, y claro, no podría ser en otra. Su uso de las palabras, de los signos de puntuación y de los significados es verdaderamente asombroso [Se ve que me influyo de algún modo porque años después me dijeron que le pongo comas a todo y en cualquier circunstancia].

Me llamó la atención esa particular e inconfundible forma de decir. ‘La mayor’ fue el primer libro que leí, -de ahí el extracto-, y después de ese vinieron muchos más: La imborrable, Nadie Nada Nunca, El limonero Real, etc.

Su narrativa refleja su infancia, su ciudad de origen, y su país, sin embargo, vivió los últimos 37 años en París dando clases en la Universidad de Rennes. No obstante, no perdió jamás el perfecto manejo de su lengua natal, y tampoco olvidó su origen Santafesino, por el contrario, quedó siempre plasmado en su Obra.

Muchos dicen que es uno de los mejores escritores de la Literatura actual Argentina, pero muchos más coinciden en que Juan José Saer es uno de los mejores escritores, no solo de nuestro País sino, del mundo. Al igual que Cortazar tiene un estilo único pero, a diferencia de él, tardó años en ser reconocido.

Por mi parte les recomiendo que comiencen por La mayor, y que se deleiten con sus relatos. Seguramente, si les gusta, van a ir solos a leer el resto de sus obras.


“El mundo es difícil de percibir. La percepción es difícil de comunicar. Lo subjetivo es inverificable. La descripción es imposible. Experiencia y memoria son inseparables. Escribir es sondear y reunir briznas o astillas de experiencia y memoria para armar una imagen determinada, del mismo modo que con pedacitos de hilos de diferentes colores, combinados con paciencia, se puede bordar un dibujo sobre una tela blanca" Juan José Saer.

16 diciembre 2009

La Covacha recomienda: Jane Austen

Sí, señores, La Covacha se expande. Me toca a mí inaugurar una nueva (y breve) sección de este queridísimo blog: La Covacha recomienda. Hoy empezaré con una de mis escritoras favoritas: Jane Austen.

Probablemente la mayoría de ustedes hayan oído hablar de esta escritora o hayan visto alguna de las películas que se hicieron en base a sus libros: Sensatez y Sentimientos y Orgullo y Prejuicio, para nombrar las más famosas. Escritora inglesa de principios del siglo XIX, Jane Austen tuvo en su época un considerable renombre y logró publicar varias de sus novelas.

Famosa por el tono irónico del que nunca se desprende,  la escritura de Jane Austen es tan preciosa como afilada, tan femenina como severa, tan delicada como devastadora. Sus historias transcurren en pequeños universos, llenos de violencias cotidianas, mezquindades de medio pelo y pequeños actos de violencia hechos con miradas y palabras.

Para quienes crean que sus obras son "novelitas románticas", que siempre terminan bien y que están plagadas de bailes, encajes y suspiros, obviamente nunca leyeron ni a Austen (ni ninguna novelita romántica). Sepan que las seis novelas salieron de la misma pluma de una mujer que, para comentarle a su hermano sobre la flamante esposa de un conocido, escribió:

"Es una mujer melosa, la clase de mujer que se me ocurre que está decidida a no encontrarse bien nunca, de esas a las que sus espasmos y su nerviosismo, y las consecuencias que le traen, les gustan más que cualquier otra cosa".
Carta de Jane Austen a su hermano Francis Austen, 25 de septiembre de 1813.

Recomendada queda, entonces, Jane Austen. Si quieren empezar por alguna de sus novelas, empiecen, obviamente por Orgullo y Prejuicio y luego sigan por Persuasión. El camino ya estará hecho y  no podrán detenerse hasta leerlas todas.

09 noviembre 2009

El dúo dinámico

No, mis estimados, no voy a hablarles de Batman y Robin [aunque quizás mencione al hombre murciélago], si no de las colaboraciones, unas más conocidas que otras, de algunos artistas en la industria del cine.
Muchos de los directores de cine que admiro no trabajan solos, y muchas veces su genialidad se exprime al máximo cuando se encuentran con otros genios que colaboran con ellos. Así tenemos por ejemplo la dupla de Alejandro González Iñarritú y Guillermo Arriaga, reconocidos por la dirección de Amores perros, 21 Grams y Babel, el primero, y por los respectivos guiones originales, el segundo. Películas únicas, gracias a la suma del guionista con el director, que seguramente ya conocen, y si no las vieron, no se qué están esperando.
Cuando estos dúos se separan, o eligen caminos distintos, mucha veces son destrozados por las críticas, atribuyéndole la genialidad a uno de ellos, y buscando miles de quintas patas de gatos, porque cuando trabajaban juntos eran buenos, y solos no tanto, en vez de pensar  que juntos pueden crear algo distinto a lo que harían cada uno por su  cuenta sino ¿qué sentido tiene la suma, si va a tener el mismo resultado? Sinceramente no comparto demasiado la idea de destrozar algo que no gusta, me conformo con la indiferencia, y no me es posible pretender que la obra de dos personas sea igual a la de una sola. Sería como decir que Honorio Bustos Domecq es superior a Borges y a Bioy Casares, y que ellos solos no tienen talento, pero como la literatura excede mi misión en este blog, sigamos hablando de cine.
Otras colaboraciones se dan en la misma tarea, y así tenemos a codirectores o coguionistas, o por qué no, codirectores y coguionistas, como es el caso de Marc Caro y Jean Pierre Jeunet [volvemos a pisar suelo francés, por favor, los prejuicios sobre el cine francés deposítenlo en mesa de entrada, gracias]. Estos señores, han escrito y dirigido dos películas  altamente recomendables, que incursionan en el género de la distopía  [lo contrario a la utopía, que señala un ideal negativo, perverso] ubicado en escenarios retro-futuristas, la primera llamada Delicatessen, una descabellada y exiquisita comedia negra post-apocalíptica, y la segunda La cité des enfants perdus [a.k.a. La ciudad de los niños perdidos] un hermoso, oscuro y siniestro cuento infantil que toca el corazón de los adultos. Posteriormente Jean Pierre Jeunet, luego de su debut en Hollywood con Alien: Resurrection, y sin la colaboración de Caro, realizó la tan amada por muchos y odiada por otros Amélie [a.k.a. Le fabuleux destin d'Amélie Poulain] y es ahí donde su público se divide porque el director cambió el rumbo, y le adjudican la visión estética a Caro únicamente, quien además de director es dibujante.  Particularmente, me encantan las películas que hizo junto con Marc Caro, como las que hizo por su lado, y más de una vez he recomendado la no tan conocida comedia romántica [que no se asemeja a las comedias románticas hollywoodenses] Un long dimanche de fiançailles [a.k.a. Amor eterno(*)] situada en la segunda guerra mundial.
Una colaboración que disfruto y que no deja de sorprenderme es la del dúo dinámico, casi inseparable, del brillante y excéntrico director, productor y escritor  Tim Burton y el ahora compositor de culto, Danny Elfman. Danny Elfman, conocido también por crear el famoso tema de la serie televisiva The Simpsons, ha compuesto los Scores de casi todas las películas de Tim Burton, excepto  los de Ed Wood [de Howard Shore, el mismo que musicalizó la saga completa de Lord of The Ring] y de Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street [de Stephen Sondheim, autor original del musical de Broadway], con quien debutó en 1985 en la comedia Pee Wee's Big Aventure [a.k.a. La gran aventura de Pee Wee] y colaborando con él hasta la fecha, además de encarar otros proyectos [por nombrar algunos, la saga completa de Spider-man, Hulk, Chicago, Red Dragon].
Danny Elfman se ha acomodado con gran naturalidad y originalidad a los distintos géneros cinematográficos, y ha captado la ironía de Burton tanto en sus films oscuros y góticos [Sleepy Hollow a.k.a. La leyenda del jinete sin cabeza(*)] como en sus comedias de humor negro [Beetle Juice, Mars Attacks!], en su historias más emotivas [Edward Scissorhands, a.k.a. El joven manos de tijera, Big Fish a.k.a. El Gran Pez], en su adaptación de comics [Batman, Batman Returns], en sus películas de ciencia ficción [Planet of the Apes a.k.a. El planeta de los simios] y magistralmente en los musicales como Corpse Bride [a.k.a El cadáver de la novia] y The Nightmare Before Christmas [a.k.a. El extraño mundo de Jack(*)] y es justamente en estás dos últimas que me resulta imposible concebirlas  sin la colaboración de ambos, ya que como dice el saber popular [?], juntos son dinamita [ok, se me cayó el dni con esta frase].
No veo la colaboración como una asistencia de uno hacia otro, sino como una obra en conjunto. La colaboración pasa a ser "entre sí" para llegar a un producto final que nos maraville. Quizás para muchas cosas de nuestras vidas sacamos lo mejor de cada uno cuando estamos con espíritus afines que haciéndolo en soledad, cuando encontramos alguien que alimente nuestra creatividad para que sea más fructífera.
Espero sus colaboraciones para este texto que no son otros que los famosos comentarios.


(*) ¿Les molestan,  tanto como a mi, las traducciones de los títulos que no tienen nada que ver con el original? ¿Eh?