Alicia tiene básicamente un solo objetivo que la guía en el país de las maravillas: conjurar el aburrimiento. El tedio de la hora de la siesta la adormece y es en ese ensueño en el que aparece el Conejo Blanco, que corría hacia su madriguera al grito de “llegaré tarde”. Alicia no dudó ni un instante: lo siguió y se dejó caer detrás de él, dispuesta a cumplir sin cuestionamientos las instrucciones de cuanto cartelito encontrara pegado en alguna botella.
Charles Dodgson tenía, en cambio, dos objetivos que no eran necesariamente opuestos: por un lado, redimirse del absurdo de la matemática y de la religión y, por otro, poseer a Alicia. Aunque parezca mentira, cumplir el primero fue mucho más simple que cumplir el segundo, ya que ni la matemática ni la religión tienen madres que pretenden casar a sus hijas con mejores partidos que Dodgson. Para alcanzar su primer objetivo, Dodgson elabora una teoría sobre lógica simbólica que postula el absurdo de los símbolos numéricos y verbales. Para lograr el segundo, el procedimiento es más complejo: debe recrearse, reinventarse; debe dejar de ser Charles Dodgson para transformarse en Lewis Carroll. Sólo de ese modo puede capturar su idea de Alicia y poseerla. En el país de las maravillas, Charles Dodgson no existe y Alicia Lidell es simplemente Alicia, la nena que por aburrimiento transita ese mundo terrorífico, en el que su cuerpo cambia a la velocidad de la luz sin que ella pueda hacer nada al respecto hasta que se da cuenta de que debe conservar el dominio de sí misma. Todo por culpa de madre, en definitiva.
Mucho, mucho tiempo antes, en un lugar de La Mancha, Alonso Quijano se aburría mortalmente en su hacienda. Para conjurar su aburrimiento, se dedicó a la lectura, como hacen tantos otros seres humanos sobre esta tierra. Hasta que llegó el momento en el que se aburrió de aburrirse de los libros. Si Alonso Quijano hubiera visto pasar al Conejo Blanco, naturalmente, lo hubiera seguido. Pero eso no sucedió, así que la única salida que le pareció sensatamente posible entonces, fue convertirse a sí mismo en su propio Conejo Blanco. La metamorfosis fue certera y precisa y tan necesaria que, Don Quijote se convirtió en el Conejo Blanco de muchos pero, sobre todo, de Sancho, que lo sigue como si llegara tarde a alguna cita previamente concertada con el destino.
Alonso Quijano no tuvo la misma suerte que Alicia. Alicia no sabía todavía quién era y, mucho menos, quién quería ser. El final de su sueño aparece lleno de posibilidades. Alonso sí sabía quién era o, al menos, quién había sido, y aun cuando su vida parecía ya hecha, casi terminada, se atrevió a desafiar la lógica y se convirtió en ese que quería ser, hasta que fue demasiado para el mundo y se dejó derrotar, con la certeza de haber generado un cambio en todos aquellos que se toparon con él en su camino.
Según Miguel de Unamuno, cada uno de nosotros es tres personas a la vez: a) el que somos, b) el que somos para los otros y c) el que queremos ser. Es este último, el que finalmente nos salvará, como Don Quijote, en tanto encarnación concreta del 'querer ser', salvó a Alonso Quijano y lo volvió inmortal; quizás, como Lewis Carrol salvó a Charles Dodgson y como el descubrimiento del Conejo Blanco salvó a Alicia.
Los Conejos Blancos están allí afuera, corriendo ante nosotros disfrazados de oportunidades. Si los siguiéramos, quizás, cada día nos pareceríamos más a ese/a que queremos ser.
Charles Dodgson tenía, en cambio, dos objetivos que no eran necesariamente opuestos: por un lado, redimirse del absurdo de la matemática y de la religión y, por otro, poseer a Alicia. Aunque parezca mentira, cumplir el primero fue mucho más simple que cumplir el segundo, ya que ni la matemática ni la religión tienen madres que pretenden casar a sus hijas con mejores partidos que Dodgson. Para alcanzar su primer objetivo, Dodgson elabora una teoría sobre lógica simbólica que postula el absurdo de los símbolos numéricos y verbales. Para lograr el segundo, el procedimiento es más complejo: debe recrearse, reinventarse; debe dejar de ser Charles Dodgson para transformarse en Lewis Carroll. Sólo de ese modo puede capturar su idea de Alicia y poseerla. En el país de las maravillas, Charles Dodgson no existe y Alicia Lidell es simplemente Alicia, la nena que por aburrimiento transita ese mundo terrorífico, en el que su cuerpo cambia a la velocidad de la luz sin que ella pueda hacer nada al respecto hasta que se da cuenta de que debe conservar el dominio de sí misma. Todo por culpa de madre, en definitiva.
Mucho, mucho tiempo antes, en un lugar de La Mancha, Alonso Quijano se aburría mortalmente en su hacienda. Para conjurar su aburrimiento, se dedicó a la lectura, como hacen tantos otros seres humanos sobre esta tierra. Hasta que llegó el momento en el que se aburrió de aburrirse de los libros. Si Alonso Quijano hubiera visto pasar al Conejo Blanco, naturalmente, lo hubiera seguido. Pero eso no sucedió, así que la única salida que le pareció sensatamente posible entonces, fue convertirse a sí mismo en su propio Conejo Blanco. La metamorfosis fue certera y precisa y tan necesaria que, Don Quijote se convirtió en el Conejo Blanco de muchos pero, sobre todo, de Sancho, que lo sigue como si llegara tarde a alguna cita previamente concertada con el destino.
Alonso Quijano no tuvo la misma suerte que Alicia. Alicia no sabía todavía quién era y, mucho menos, quién quería ser. El final de su sueño aparece lleno de posibilidades. Alonso sí sabía quién era o, al menos, quién había sido, y aun cuando su vida parecía ya hecha, casi terminada, se atrevió a desafiar la lógica y se convirtió en ese que quería ser, hasta que fue demasiado para el mundo y se dejó derrotar, con la certeza de haber generado un cambio en todos aquellos que se toparon con él en su camino.
Según Miguel de Unamuno, cada uno de nosotros es tres personas a la vez: a) el que somos, b) el que somos para los otros y c) el que queremos ser. Es este último, el que finalmente nos salvará, como Don Quijote, en tanto encarnación concreta del 'querer ser', salvó a Alonso Quijano y lo volvió inmortal; quizás, como Lewis Carrol salvó a Charles Dodgson y como el descubrimiento del Conejo Blanco salvó a Alicia.
Los Conejos Blancos están allí afuera, corriendo ante nosotros disfrazados de oportunidades. Si los siguiéramos, quizás, cada día nos pareceríamos más a ese/a que queremos ser.



Priiiiiiiiii
Che... ¿en este blog no me gano nada por ser la primera? Ah, no... creo que no, creo que eso era en Cuenteando, donde la horrible Sweet -que de "sweet" tiene poco- me sacó la kitty de las manos. Que se sepa que soy tu amiga, igual, Carito. Aunque me cagues la vida. Je.
Y ahora sí: Buen post, Cecil. Muy litarario el discurso. Lindo escrito y lindo el pensamiento. Lindo...
Me encantó el Post. Apenas vea un conejo blanco, lo sigo.
Muy bueno, en serio. No tengo demasiado para agregar. Si se me ocurre algo, vuelvo.
=)
Ah... Y tal vez sea mi "vejez en ciernes", pero cada vez estoy más convencida de que en seguir a los conejos blancos está el quid de nuestra existencia... Aunque a veces este mismo hecho angustie un poco.. (y no sigo, porque ya estoy mezclándome con la entrada anterior de Sweet...) Je.
marcela jajaja y bueno che, hay que estar atento, nunca se sabe cuándo gaby va a regalar una kitty.
Ahora bien, cecil, en este post leo la palabra deseo por todos lados. Esa zanahoria que mueve al conejo, y que tal vez parezca irrelevante, es en verdad lo que lo mantiene deseante.
ASí que concuerdo con vos, una vez mas...
Excelente post.
besos oh, cecil.
marcela: querés que te regale un conejito blanco? ya vi cómo caro te usurpó el premio... las cosas que hay que ver, cheeeeeee
jajaja =P
Qué buen post, oh amiga Cecil, me encanta Alicia y todo lo que ella conlleva sobre sus tiernos hombros de nenita.
Al señor ese Quijano mucho no lo banco, será que me antorcheó bastante hace unos años en el colegio jejeje
Pero Alice es un primor!
Besossss
¡Paaaaa... jarito!
Qué buena interpretación la suya.
Ahora, ¿sabía usted que en medios psiquiátricos se dice que a un psicótico hay que mantenerlo alejado de "Alicia en el País de las Maravillas"?
¿Será por lo del pensamiento lateral?
Da gusto leer sus reflexiones literarias, Misia Cecil.
El Profesor
Ay, ay, ay, pero yo leí esto en algún lugar, dónde puede ser, dónde... =P
Haaaaaaaaaaaaaarmoso! Quizá no esté de acuerdo con el tema del aburrimiento, no sé si eso es lo que mueve a Alicia, pero bue, se puede interpretar de otra manera 'mv. Igual podríamos entrar al temita de la angustia y entender por qué muchos de nosotros (oh, sí, me incluyo) no nos atremvemos a seguir al conejito.
Y dizculpe que la corrija mi querdia Zezil, pero ez Charles Dodgson, con d, ay, dizculpe tal atrevimiento.
Beso!
Obviamente dice "querida" no sé qué consumirán para ver otra cosa ¬¬.
Y dice atrevemos... en fin mis dedos han consumido demasiada crema para manos con gustito (?) a lilas ¬¬
Siii, Cecil! ¡Quiero un conejito blanco!... Prometo seguirlo hasta la eternidad. Je.
(Quiero agradecer públicamente el que me hayan linkeado acá. Es un orgullo para mí. Y no es joda. ¡Gracias!)
Lamentablemente "Alicia en el país de las maravillas" no lo leí... no sé si fue así debido a que nunca me llamó verdaderamente la atención o porque mucha idea suelta anda volando alrededor de esta obra.
Sería interesante poderlo leer para cerrar tu idea en mi cabecita de principiante.
Ahora, con el tema de "querer ser"... Yo soy una persona soñadora por naturaleza. Sueño despierta -literalmente- a toda hora persiguiendo aquello que anhelo. Lo bueno es que no me quedo dentro de esa fantasía en donde yo misma creo problemas y no lo hago de color rosa, sino que combino sueño con realidad... los uso como estímulos o combustible.
Me gusta soñar en grande empezando por cosas chicas... y en cuanto veo una oportunidad (lo que entendí por conejo blanco) la sigo buscando sacar siempre el máximo provecho... sobre todo porque no persigo cosas en beneficio personal, sino en beneficio a los demás.
Bueh, como siempre me fui de tema... jaja.
Cecil, está muy buena la relación q’ has hecho. Habría q’ aclarar q’ Lewis Carrrol, era un viejito pervertido. Las niñas dejaban de atraerle luego q’ cumplían los 15.
En cuanto a perseguir conejos blancos, yo paso… Creo q’ las oportunidades, la más de las veces, son creadas por uno mismo. En cuanto a preferencias alegóricas, me quedo con el Gato de Cheshire.
Lo aseverado por Unamuno. Cómo quedaría con los personajes de Joseph Conrad en:
- Lord Jim
- Victoria (Axel Heyst)
- El corazón de las tinieblas (Kurtz)
Daría, tal vez, para un post?
Beso, profe